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EL MAL DEL TEATRO PERUANO ES EL MAL DE UN PAIS SUICIDADO

EL MAL DEL TEATRO PERUANO ES EL MAL DE UN PAIS SUICIDADO

Leo la respuesta desde Buenos Aires de nuestro entrañable y "recién conocido"  Gustavo Mac Lennan, adhiriéndose a la carta furibunda de Gladys Moscoso,  y a las incendiarias ideas y reflexiones nihilistas, pero de veracidad contradictorias y conmovedoras, de Christian del Teatro Loco, en  Lima; en referencia al aniversario 45 del Teatro de la Universidad Católica (TUC). 

Pero también leo la lamentable y nada autocrítica carta al TUC de Tomás Temoche, auto proclamado Presidente Vitalicio del Movimiento de Teatro Independiente del Perú (MOTIN), movimiento que a nadie que tiene una cuota de poder o “no poder”, en éste pequeño villorrio cultural, le interesa; salvo al Perú Profundo de las provincias olvidadas y de las cuales nos acordamos con llanto colorido de tarjeta postal o a lo menos como reservas ecológicas para nuestros agitados pulmones. 

¿Qué coincidencia, no? El teatro, diagnosticó la realidad política  del viejo país suicidado, hace más de treinta años, y lo descentralizó hacía la visión de un nuevo país  (las Muestras de Teatro Peruano y los Encuentros de Ayacucho así lo certifican), y los políticos “verdaderos muertos vivientes” del pasado siglo, recién lo descubren ahora y qué dramáticamente; gracias a las elecciones democráticas del 2006 y a sus neo-oportunistas del mismo linaje político, sino ahí están sus pésimos y vetustos escenarios para teatreales,. con aires de modernidad,  modernidad de pacotilla... dignos de nuestros peores recuerdos.

Las furibundas cartas; fueron reacciones emocionales a la invitación del TUC para celebrar sus 45 años, a través de dos mesas redondas dedicadas a dos temas álgidos para la sensibilidad de la mayoría del teatro independiente en Lima, uno fué sobre la producción teatral y a la cual asistí como espectador solitario, como “sapo de otro pozo”, Al igual que César Escuza de Vichama, Villa El Salvador subido en la mesa de panelistas por sutil e interesada invitación de los directivos de la católica universidad. No es mi intención polemizar sobre ambas mesas, pues no asistí a la segunda, que tratando el tema de la sobre vivencia en y del teatro (Vivir del teatro ja, ja, ja);  fue la que más polvo levantó en Buenos Aires (lugar de residencia de la “exiliada” Moscoso y nuestro querido Gustavo Mac Lennan). Otra cosa, es la polémica que produce en textos y acciones nuestro Christian y su Teatro Loco, mucho más cercano y de alguna manera más comprometido.

Observo  el panorama nacional del "teatro peruano" desde el año 1966 en el que descubrí intuitivamente el teatro como un medio de expresión ante la imposibilidad e incapacidad, de hacerme de una carrera profesional. Así le llamaban a la  profesión; que hiciera de mí lo aconsejable, un buen profesional, rentable, y un soltero codiciado para cumplir el ritual de una nueva familia. No tenía capacidad para invertir  en ese buen negocio y admiro al que lo logra, empezando por mis padres. Miro mi vida y la realidad del Perú desde esa fecha, impulsado por estas cartas y comunicados de éstos compañeros que realmente exaltan.

40 años han pasado en la historia reciente del Perú y  apenas son un suspiro en la construcción de la humanidad. Soy un optimista porque de lo contrario sería un fatalista y las cosas están como para pegarse un tiro si leo a Giacosa cada día, o a Hildebrandt aunque con más humor, o a cualquier editorial o noticia cotidiana nacional o internacional de los diarios serios. Prefiero leer por mi cuenta, otros libros, otras cosas que alimenten mi optimismo; como leí teatralmente LOS RÍOS PROFUNDOS, de José María Arguedas, desde hace tres años. Y eso que se puede leer de todo, y de la forma que quieras, nadie me lo impide. Ni a nadie. Lean por favor, lean diariamente, un poquito más que sea, de poesía, novela, ensayo, filosofía y hasta ciencia-ficción o policiales; pero lean. 

Es lo que enseña Arguedas.

Trabajar tres años para encontrar una manera estética de contar escénicamente  Arguedas, sin preocuparme de producir una economía de sobrevivencia, y gastarme hasta el último ahorro de mi vida para lograrlo, eso si es para contarlo. En nuestro país; en éste “país suicidado” es realmente un acto subversivo o contra-corriente, como el viaje de los salmones, o como quieran llamarlo. En el nuevo país en el que estamos invirtiendo, es una felicidad. Leí hoy algo maravilloso que ilustra lo que siento: los colombianos dicen, son los seres más felices de la tierra porque son los que más luchan diariamente contra la muerte, endiabladamente; desde hace más de 50 años.

Y mientras tanto, en éstos 40 años, nosotros fuimos un modelo de país en el mundo, al ser parte nos guste o no, del primer gobierno militar de izquierda nacionalista en América Latina. Fuimos los primeros en restaurar luego, con Belaunde, una democracia borbónica, que no existía. El primero, en ensayar una revolución mundial titulada la Cuarta Espada, con su Sendero Luminoso, y con su secuela extraordinaria de miles y miles de muertos y desaparecidos por el terror. El primer país en haber respetado los derechos humanos de los líderes más conspicuos de los dos movimientos subversivos más letales del planeta, pre-11 de setiembre. 

Ya fuimos superados. El primero en estrenar el presidente democrático más joven de la historia y fracasar, a pesar de los buenos designios. Y el primero en construir un régimen autocrático que pervirtió la democracia, al exponerla en toda su anorexia, y que institucionalizó la corrupción, el mal de males nacional desde los orígenes de la república. El primero en estrenar un presidente de rasgos andinos que se auto proclamó como el nuevo Pachacutec, restaurador de la nación corrompida; y que nombró Mama Ocllo y  funcionaria de la nación a su esposa, gringa y extranjera, para complacencia de todos los racismos solapados. Y finalmente los primeros en convertir el más grande fracaso político, en uno de los más grandes éxitos de la democracia del nuevo Milenio, éxito neo-liberal, liberal, mercantilista y neo-socialista.. Y todo esto en un país que se suicidó hace mucho tiempo, desde 1969 con el mismo balazo trágico que suicidó  a nuestro querido Arguedas.

Creo, que todas éstas cartas que producen mi emocionada reflexión con el ¿teatro peruano? son válidas aún con todas las discrepancias y sabiendo que algo hay que hacer. Pero lo primero creo yo, lo primero e imprescindible es hacer un arte incorruptible, pues el arte también se degrada y  tiene éxito; económico y de poder. Hacer un arte incorruptible es hacer un arte subversivo en un mundo donde la esencia del poder, es decir la acción de los poderosos; ha sido en toda la historia el aprovechamiento de la corruptible fragilidad humana. Sino, para qué hablamos de teatro sino leemos Los Clásicos, ejemplo profundo de arte teatral incorruptible y subversivo. Y hablo de los clásicos del arte teatral de Occidente.

Porque otra cosa es el arte teatral originario de nuestros pueblos andinos, costeños y selváticos. Que a través de sus ritos y fiestas religiosas han mantenido y desarrollado una teatralidad que los que se han dogmatizado en una idea euro centrista del teatro no pueden ver. Y por lo tanto no quieren aprender. Lo han relegado al plano de lo exótico o del folklore, como lo llamaba despectivamente doña Victoria Santa Cruz. Son responsables tanto el TUC como la ENSAD, las dos únicas escuelas respetables, privilegiadas y con continuidad en un país de pobres y también de miserables artistas teatrales. El pobre es todavía digno, el miserable ya perdió la dignidad, por lo menos la artística. En cambio con cuanta dignidad  narran, actúan, bailan, cantan y suenan música los pueblos originarios del Perú. ¡¡¡¡Y con cuanta belleza!!!! Digamos estética nacional.  

Hay que reflexionar ahora, en el sentido del arte, en su carácter subversivo cuando es arte de verdad, subversivo porque transgredí, cuestiona nuestra absurda cotidianeidad; y hay que entender que una cosa es el producto y otra su manera de distribuirlo en un mundo donde los corruptos de todas las especies, hacen lo imposible en su afán de apropiación al transformarlo en mera mercancía. Entender el sistema de éxito económico del  Broadway limeño, pues ya existe; del teatro subvencionado, de  las nuevas Galerías de Arte, del  Sistema de Museos o definir a  la Industria del Espectáculo, es una tarea urgente; además de entender también, el funcionamiento de la idea del teatro laboratorio, que investiga, experimenta y que con su entrenamiento  estoico  y cotidiano, mantiene  su consecuente rigor y disciplina.

Creo, releyendo las cartas y después de haber escrito algunas reflexiones, a manera de catarsis para centrar mis emociones, que el diálogo de las palabras es el más urgente remedio a todas nuestras desazones. Nuestras desazones no son todavía la desazón de los casi seis millones de desesperados que votaron por Humala, ni la desazón de los más de seis millones de desesperados que no quieren perder su pequeño progreso alcanzado también con dura lucha, y que votaron por García.

Creo, vivimos un momento excepcional, pre- revolucionario y no violento, la posibilidad de ensayar una democracia para todos, una democracia que ni en el más desarrollado de los países de occidente como Alemania, está muy lejos de  alcanzar todavía; y eso que Alemania es un país que no olvidemos, hace menos de 20 años se encontraba dividido por un muro y al filo de la barbarie, y eso en aras de la utopía democrática. Una de las partes, al otro lado del muro se llamó incluso República Democrática Alemana. Ironía que mi grupo tuvo que comprobar violentamente en agosto del 73.

El  teatro que hacemos en nuestro país, lo hacemos una minúscula parte de la población nacional, es un arte todavía de minorías y de elites populares o burguesas, en Lima o en la última mal llamada "provincia". Si eso no lo asumimos queridos amigos, no podemos intentar ninguna acción ni movimiento de envergadura. Serán acciones efímeras e intrascendentes, para que todo siga igual. Unos “disfrutando de las buenas subvenciones  justas de sus universidades” y “otros rabiando sin saber a quien morder”. Esto no es Buenos Aires, la capital de un país inmenso, que ha latino americanizado la cultura europea en busca de su identidad. 

Un país de inmigrantes esencialmente europeos que "limpiaron de indios" la Pampa y construyeron ciudades macondianas al estilo de Palermo o Catania, en las que el teatro y la democracia han  sido ensayos de las clases medias, cultas e intelectuales y también por qué no de los desesperados, en búsqueda de una catarsis que les dé una identidad nacional. Nada más argentino que el teatro argentino, sino ingresen diariamente al Foro del Celcit, y compartan sus reflexiones argentinas; y en las cuales los hispanoamericanos somos primos lejanos que a veces llegamos de visita. Un teatro mucho más lejos de lo que nuestro peruaqno-argentino de corazón, Oswaldo Cattone nos ha vendido con éxito, como “el más grande éxito del teatro peruano” de los últimos treinta años. Sino miren con envidia, y que conste que la envidia es envidia y no tiene nada de sano envidiar, la página entera de la sección luces de El Comercio que en su homenaje se le publicó. Eso es Comercio con mayúsculas aquí y en la china, y no teatro peruano, y menos, muchísimo menos, teatro argentino. 

Ni la carta de Temoche de saludo al TUC, a nombre de la usurpada, pero bien merecida presidencia del MOTIN; ha sido acertada. Ni las diatribas rabiosas de nuestra bailarina ecléctica desde Buenos Aires contribuyen al diálogo, por ahora. Ni las lúcidas y necesarias reflexiones de Christian, nos ayudan a construir ese espacio subversivo del arte, que es el diálogo. Todas ellas por  ahora;  no subvierten el orden, sólo lo agitan. Sólo el arte lo subvierte

Memoria, Herencia y Futuro fue la propuesta del ENCUENTRO INTERNACIONAL DE TEATRO DE GRUPO, AYACUCHO 98, al que asistieron todos los que quisieron y aportaron, 600 personas del Perú y del Extranjero. Casi la mitad, peruanos de "todo" el país teatral. Fue el Tercer Encuentro Ayacucho, propuesto por un teatro de grupo que no responde a los cánones de lo que se reconoce o desconoce como grupo de teatro, como motor de la historia. Otra vez la hegemonía y la exclusión. Ya pasó. El teatro de Grupo ya fué. Hasta Hugo Salazar del Alcázar lo dijo hace diez años. ¿No se cumplen ahora, también 10 años o un poco más de la partida del Teatro del Sol, en las figuras eternas de Alberto Montalva y Luis Felipe Ormeño?  Ellos fueron tributarios del teatro de grupo, 

¿Qué lección nos queda? El grupo ya fue, nos dice don Alonso Alegría, sólo nos quedan sus insumos. ¡¡¡Qué pena por nosotros, por las nuevas generaciones ignorantes del ENSAD y del TUC!!! ¿Dónde quedó el intento del MOTIN desfalleciente del 2006, cuando oportunistamente me nombraron presidente para que salve lo que ya estaba muerto y a nadie de los grupos históricos interesaba? ¿Y dónde los intentos de dialogar que  propusimos a los "cuatro gatos " que somos el teatro limeño profesional, el teatro independiente. o de grupo o los grupos de teatro? 

Somos parte de un pueblo desmemoriado dicen, un pueblo con un espíritu derrotista, donde desde el arranque ya perdimos. País de perdedores. Sino, ahí está el ejemplo del fútbol nacional que ya no es un deporte sino un negocio y como negocio, el más grande fraude del país. Y no salimos a la calle a protestar contra el corrupto fútbol nacional. Yo creo, todo eso es parte del país suicidado, que muerto y todo, convive fantasmeando y haciendo daño al nuevo país emergente. Memoria necesitamos urgente, para reconocer la herencia que dejamos a las nuevas generaciones que generosamente quieren aprender.

Y mientras reflexiono,  ANTE LAS LECTURAS DE ESTAS CARTAS Y MANIFIESTOS, yo aquí en mi Centro Piloto de Chorrillos, en la soledad de un sábado, escuchando la algarabía en la calle por las celebraciones de la inmolación de José Olaya, pescador y héroe popular en la lucha por la independencia, retumbando en mis oídos las estrepitosas marchas de las bandas de guerra de los colegios, y la voz permanente de un ayayero animador de la Alcaldía que repite y repite desde hace dos horas, que el ejemplo del héroe fue el orden, la disciplina y el trabajo, me pregunto, ¿Es éste mi país? ¿O son las voces fantasmales de un país que se suicidó hace tiempo, un noviembre de 1969, en el acto ritual de uno de los hombres más dulces que dio ese país inconsciente? 

Quiero creer que vivo en un nuevo país, un país feliz, un país que nació hace tiempo; sin darnos cuenta, mientras el otro, el viejo país de los pongos y los oligarcas agonizaba. Quiero creer que el TUC ha actuado, más de cuatro décadas, y más de una vez, con los gestos y estereotipos del viejo teatro; con los códigos del viejo país de los latifundios, de los feudos y de los ghetos, sin proponérselo, como lo hemos hecho la mayoría de peruanos. Quiero creer, que gran parte del TUC que conozco; lleno de amigos entrañables generacionalmente,  también son parte del nuevo país, aunque no se sacuda aún de los viejos comportamientos, como gran parte del movimiento de teatro independiente del Perú.

Quiero creer que ser un artista no es ser un loco, un paria. Un loco es  un ser enfermo mental, muy grave. Quiero creer que ser artista es ser un terapeuta de la más alta calidad que se reconoce primero a si mismo como enfermo, enfermo ciudadano de una sociedad enferma y que ha asumido el arte, el teatro como un acto terapéutico, social y nada más. Una tarea como todas las otras. Y creo que es la tarea, más urgente y necesaria, porque es la salud psíquica de la nación, tanto como la salud física y  la educación son parte esencial de la construcción de la cultura en la humanidad. Es la sociedad anti-democrática la que aísla y margina al arte, la que no quiere curarse de sus ansias de poder político y económico, la sociedad bestial; por ejemplo, la que lo detesta, lo ignora y lo hace a veces inexistente. Y nosotros cómplices silenciosos, lo hacemos malo y mediocre.

Creo en el diálogo, en la democracia como ensayo utópico de la sociedad humana para ser mejor. Sino, porque los griegos hicieron del teatro el deporte nacional y lo transformaron en el centro terapéutico del mundo. No quiero ser un loco, un marginal, un disidente.

Quiero ser un ciudadano saludable, digno como lo he sido siempre y en mi propio país. Aquí y no sólo en el extranjero, donde me siento a veces más peruano que acá. Si miro a mi costado, a mis colegas nacionales, me siento extranjero,  extraño, y desde hace mucho tiempo paria; desde cuando a "brazo partido", logré con mi grupo hacer en mayo del 1998, el último Encuentro de Ayacucho para todos los peruanos que a él asistieron. Y en especial para los ayacuchanos, mis hermanos ancestrales.

Creo en los  teatros de grupo que nos acompañaron en “el potlach” que hicimos en diciembre del 2003, tras  la venta de nuestro edificio teatral de 28 de julio en Barranco; cuando sólo  Magaly TV, lamentó el cierre de un teatro. A esos compañeros y al Yawar de Tomás Temoche; mi gratitud por regalarme cada día la  presencia de un país nuevo, infantil y adolescente; e veces adulto. Al público del FITECA y de La Gran Marcha,  que nos acogieron en la media noche de Comas,  los primeros días de mayo de este año, en el estreno de la primera parte de nuestra  Trilogía Arguediana, el suicidio de un país. Y al Vichama de Villa el Salvador, con su FORO DE LA SOLIDARIDAD y que también nos llenaron su teatro para nuestro Arguedas.

Y finalmente mi gratitud al Perú adolescente del Colegio El Buen Pastor de Los Olivos, que con su enorme cultura nos devolvieron la esperanza en “los ernestos” de José María: diálogo y gratitud pueden ser las primeras acciones. Hay que darles forma.

 

 

(ARTÍCULO NO PUBLICADO)

Mario Alejandro Delgado Vásquez

Centro Piloto de Cuatrotablas

Chorrillos, 24 de junio del 2006

Día del Pescador y del Campesino en todo el país