Skip to content

LA ACCION DRAMATICA EN LA OBRA DE ARGUEDAS

Cuatrotablas y su laboratorio teatral han desarrollado un método propio para el trabajo del actor y la creación colectiva, un proceso de codificación y organización del trabajo técnico y creativo; inspirado en la investigación de las acciones físicas que los grandes maestros de Latinoamérica (Atahualpa del Cioppo, María Escudero), de Europa (Jerzy Grotowski, Eugenio Barba) y de Oriente (Katzuko Azuma, Sanjukta Panigrahi, Fumiyoshi Asai – Escuela Kanze) le han enseñado de forma directa.

Los actores de Cuatrotablas han hecho de la técnica una herramienta propia que les ha permitido indagar a través de la poesía, el cuento, la narración y la literatura dramática peruana (Garcilazo, Guamán Poma, Oré, Vallejo, Rose, y otros, muchos más); las profundas raíces anímicas y emocionales de nuestra identidad.

Como el objetivo, en ésta etapa de nuestra existencia (2003-2006) era hacer una creación colectiva sobre José María Arguedas y su obra, en colaboración con nuestro asesor dramaturgo Alfonso Santisteban; llegamos a la conclusión de que LOS RIOS PROFUNDOS era no sólo la novela más bella y perfecta de su producción literaria; sino la más teatral por su excelente narrativa plena de una acción inagotable y desbordante. Ingresar al “mundo arguediano” era para nosotros, ingresar al misterioso laboratorio de su literatura.

El laboratorio sobre LOS RIOS PROFUNDOS, nos llevó inevitablemente al tema del suicidio del autor (planteado por él en sus diarios que anteceden a la novela póstuma EL ZORRO DE ARRIBA Y EL ZORRO DE ABAJO) y a su discurso YO NO SOY UN ACULTURADO, que leyera al recibir el premio Inca Gracilazo de la Vega. Y de ahí al concepto nuestro: ARGUEDAS, EL SUICIDIO DE UN PAÍS.

Nuestros conocimientos, búsqueda y experimentación nos han llevado a indagar en  las tres fuentes del teatro moderno occidental: el rito, el juego y la narración. El rito y el juego a través de nuestro método ya son parte de una estética propia. La narración es parte de nuestra búsqueda más reciente.

Había que encontrarle a la narración arguediana una técnica física y vocal, que a través de un coro a la manera del teatro originario propio de todas las culturas; encontrara una estética que pudiera expresar “el asombro”. Ese fue el objetivo de la búsqueda técnica y creativa: el coro arguediano y el asombro.

Aprendimos de la dramaturgia clásica y contemporánea: la palabra poética. Aprendimos de la poesía de Vallejo, la palabra física o la “fisicidad del dolor” como nos lo enseñara Roberto Paoli, célebre analista literario italiano, experto en Vallejo.

En Arguedas, teníamos que investigar y aprender “la acción dramática” de su narrativa y para eso él, nos propone “el asombro de Ernesto” y el asombro de Ernesto un niño de 13 años, el alter-ego del autor; es físico. Oído, Vista, Olfato, Tacto y Gusto son usados por Ernesto para expresarse. Como el niño de su antípoda: el inolvidable Julius, de nuestro Bryce Echenique en “Un Mundo para Julius”. Como los niños protagonistas que Alfonso Santisteban, nos propone para la creación de EL PUEBLO QUE NO PODÍA DORMIR, en 1992; gran preludio de éste encuentro arguediano.

Sólo los cuerpos de los actores pueden intensificar o ampliar su expresión hasta llegar a sentir en su interior la mirada profunda de un niño de 13 años, expresarla y además someterla al asombro. Paradójico que dos literatos peruanos, Arguedas y Bryce; a través de dos niños nos trasmitan dos visiones impresionantes de la realidad peruana, dos mundos, cada uno antípoda del otro, “el de los cercados y el de los cercadores”.

Un año tratamos de encontrar la acción dramática en los tres primeros párrafos del primer capítulo, y en esa profunda y obstinada exigencia; la estética del coro arguediano. Ensayo y repetición. Horas y horas describiendo a través de las acciones físicas al Viejo, a Ernesto, a su padre. Las montañas, los indios. La figura encorvada y pequeña del avaro tío, las risitas cachacientas de los mestizos. El a media voz, el murmullo, el canto. Las Iglesias, sus campanas, los palacios incas, las piedras talladas y el arrodillarse en las calles del Cusco.    

Horas caminando en el espacio, con reglas precisas como “en líneas, cambio de dirección, y cambio de ritmo”, y descubriendo el mundo arguediano y el Cusco, y lo andino en esos tres párrafos a través de nuestros cuerpos…

Un año después, cuatro actores profesionales, formados en el método del grupo, recién pudimos improvisar la lectura dramática de LOS RIOS PROFUNDOS. Un guión extraordinario, propuesto por el Director y extraído CAPÍTULO POR CAPÍTULO, en una síntesis de los textos, que contenían las “acciones dramáticas”; nos dieron cuatro Ernestos, de diversas edades.

Ellos nos narran a través de sus acciones al niño de 13 años, al adolescente Ernesto turbado por sus descubrimientos más íntimos, y a los Ernestos adultos: al profesor universitario y al imaginario Arguedas de pesadillas e insomnios. Ellos, los Ernestos nos traen a escena, también al Viejo, al Pongo, a las Chicheras, a don Felipe Maywa y don Walter Puza, a sus conmovedores compañeros del colegio en Abancay, a los amados, los odiados y los temidos, a la Opa, al Padre Linares y en fin, a toda esa maravillosa humanidad que éste niño “tocado y con unas ganas absurdas de morirse” es capaz de ver, sentir, tocar, oír y oler.

Pararse, caminar, sentarse, echarse, pararse, caer, pararse, saltar, agacharse, correr. Los ejercicios del calentamiento grupal se vuelven acciones dramáticas cuando adquieren sentido (imágenes y asociaciones personales). Adquieren sentido y contienen principio, trayectoria y final. Toda acción con sentido sirve para la investigación, en base a leyes físicas que hacen del movimiento del cuerpo una fuente de energía; que no es otra cosa que la movilización de las fuerzas físicas, psíquicas y mentales del cuerpo y la voz del actor.. El actor aprende las acciones y las acciones se vuelven instrumentos para entrar en el texto de Arguedas.

Cada acción narrada en LOS RIOS PROFUNDOS, se vuelve imagen, mirada, emoción, a través de la acción. Y Arguedas narra asombrado, feliz, maravillado y a veces, muchas veces con terror el mundo que contempla, “sin rabia; pero con luz”. Y en LOS RIOS PROFUNDOS es un niño quien nos narra asombrado el mundo y su tránsito doloroso por la adolescencia que no quiere; pero que admira en los otros, enternecido hasta las lágrimas. Jerzy Grotowski nos decía “es mentira que el niño no odia, es el ser que más odia y es sincero porque es también el ser más indefenso en un mundo de adultos que generalmente ya no quieren comprenderlo”. 

Y en nuestra lectura dramática de LOS RÍOS PROFUNDOS, son los actores que construyen “las acciones dramáticas en la obra de Arguedas” a través de la actuación de los  cuatro Ernestos, del coro arguediano.

No se trata pues, de leer un texto intelectualmente, tratando de entender, ni de contar cuentos como un cuentero. Se trata de eso y más. De leerlo con el cuerpo, con todo el cuerpo. Y el cuerpo de los actores “o los Ernestos”, al contacto con el texto, reaccionan física y vocalmente.  Esas reacciones, son las acciones que el actor, los actores han construído durante meses y que sirven de vehículo de las emociones, de las imágenes, del asombro de los Ernestos. Estas acciones transformadas en secuencias físicas contienen los párrafos del texto. En la narración del texto surgen las acciones dramáticas. Ellas son orgánicas por el ejercicio inteligente del cuerpo a través de la respiración, el equilibrio y el peso.

Todo, ejercido con disciplina y rigor, dan un ritmo individual y grupal, y la narrativa arguediana fluye y construye, a través del rito y el juego un diálogo incesante por su cauce natural, el de las acciones dramáticas de su autor.

 

(ARTÍCULO NO PUBLICADO)

Chorrillos, Lima-Perú, 18  de julio del 2006

Mario Alejandro Delgado Vásquez, Cuatrotablas

 

Post-Data: Estas reflexiones están dedicadas a los actores trashumantes argentinos del grupo del colombiano Fernando Prieto, a las actrices de El Baldío dirigidas por Antonio Célico, a la actriz griega Christina que se iba para la casa del Odin Teatret, al actor y maquillador brasilero Mendes, con su dulce compañera, también actriz y a los actores ecuatorianos del grupo “Contraelviento” del Patricio “Pato Vallejo”... Que pasaron por casa y nos acompañaron en el proceso. Para los foreutas del Celcit y para Carlos Ianni; en especial que me acompañan día y noche. Aunque tengamos que aceptar lastimosamente, que el teatro sólo se puede ver, sentir, oler, oír, tocar...