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Los Ernestos

“Los Ríos Profundos”, es un caso ejemplar del “bildungsroman”, género literario del siglo XVII, del cual su primer ejemplo es “Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister” (1795-1796) de Goethe. Novelas protagonizadas por jóvenes que se hallan en trance de definirse como adultos y a la vez de situarse en el mundo
A ésta primera tensión entre fuerzas individuales y colectivas se suma otra, la que se crea entre el dinamismo de la juventud- que se cifra en el ritmo frenético-y la estabilidad de la madurez. Meta del “bildungsroman” alemán.
“Los Ríos profundos” trata de la parte estática del aprendizaje de Ernesto, adolescente peruano de 13 años, durante su estadía en el Colegio religioso de Abancay, en el cual ha sido internado por su Padre Errante, y que no quiere ese destino para su hijo.
Abancay es, después de todo, un pueblo cautivo, levantado en la tierra ajena de una hacienda.
El Zumbayllu, o “trompo” es un lazo entre los compañeros de colegio que impone la paz y el juego -organizando a los niños- es la máquina fantástica capaz de tender hilos entre todos los seres del universo. El trompo mágico ó Winko canta cuando gira, pero al bailar se mantiene estático en su sitio.
Un “Coro de Ernestos” (interpretado por cuatro jóvenes actores) actúan el rol del joven Ernesto protagonista de nuestra historia y los roles de los compañeros del colegio, los buenos y los malos; que finalmente lo ayudarán a madurar.
Antero, su amigo y campeón de zumbayllu; Valle, el soberbio; Lleras el intrépido y abusivo; Auñuco, el rabioso; Rondinel, el músico y cantante; el Chauca obsesionado con la Opa; la Opa, demente y sirvienta de curas y alumnos, el Peluca, bruto y sensible al mismo tiempo; Palacitos, el indiecito abusado; el padre Director y la bella Salvinia, enamorada del Antero. Con todos ellos convive y desarrolla sus peripecias, tiernas y crueles, aterradoras y fútiles, y con ellos “recibiría la corriente poderosa y triste que golpea a los niños, cuando deben enfrentarse solos a un mundo cargado de monstruos y de fuego,
En el Colegio de Abancay, Ernesto tiene que envalentonarse, adquirir coraje, aprender a enfrentar el mundo. Y finalmente recorrer los Andes sin dejar atrás el legado de la memoria.
Pero todo esto no se entendería si en el inicio del espectáculo Ernesto no aprendiera a ser grande al lado de su padre, a través del cruel encuentro con El Viejo y con se antípoda el Pongo y en el juego maravillos de las piedras milenarias. Viajando del Cuzco a Abancay entre bosques de árboles notables y de aves maravillosas y contradictorias de pececillos y ríos majestuosos, llenos de estruendos y pueblos crueles y olviaddos de Dios.
Pero es el encuentro final con LAS CHICHERAS que Ernesto aprende la lección final, todos sus sufrimientos no son nada al lado de los sufrimientos de los más pobres, los que más sufren, los indios y los pongos, rastros aún del viejo país moribundo y suicidado.
Comprometido con la lucha de las cholas encuentra en ellas no sólo la fuerza de quien defiende a sus cachorros sino la ternura de la madre ausente. De allí su solidaridad final con ellas más allá del amor por sus ídolos Markaska y Salvinia y de sus eternos contrincantes los beligerantes y malvados Añuco y el Lleras. El Zumbayllu ó trompo, el juguete mágico termina siendo el punto de unión de los adolescentes Ernestos y el punto de tensión con su aprendizaje. Ernesto ya es grande.